30 de agosto de 2012

Palabras sin voz


Podía decir que sostuve la felicidad entre mis dedos. Si, podría.
Aun siento el incesante repiqueteo de las ideas de mi cabeza. Una vez más, me giro hacia la ventana, y con la vista nublada de sentimientos contradictorios, suspiro al cristal mientras una ola de asfixia escala por mi tráquea. Me oprime el pecho, y unos golpes secos intentan salir de mis pulmones, vacíos. Un gemido de dolor logra escapar de mi garganta, seca, dolorida. Luego, lágrimas.
Podía decir que saboreé la felicidad, intenté retenerla en el paladar para que su dulce y ácido sabor permaneciese dentro de mí. Si, podría.
Mi vida coexiste dentro de mi, haciendo de sus propias decisiones mi propias experiencias. Me siento una intrusa en mi propio cuerpo. Necesitaba volver, regresar. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario